Artículo escrito por Javier Llavador

Seis horas al día frente a una pantalla no son seis horas. A lo largo de una vida son más de quince años. Antes de explicarte de dónde sale esa cifra, te propongo un ejercicio: introduce tu edad y las horas que pasas cada día frente a una pantalla en la calculadora que tienes aquí mismo.

Puede que el resultado te sorprenda.

Llevo años repitiendo un ejercicio parecido con mis alumnos el primer día de clase. Da igual que hablemos de Derecho Digital, de analítica de datos o de inteligencia artificial. Siempre empiezo igual: les pido que saquen el móvil, entren en «Tiempo de uso» y miren un único dato. Cuántas horas pasan cada día delante de una pantalla.

La reacción suele ser la misma. Hay quien sonríe, quien se justifica porque «también trabaja con el móvil» y quien, directamente, prefiere no enseñar la cifra.

Hace unos meses escribí sobre esto. Si usamos el móvil unas seis horas al día, acabamos dedicando alrededor de 91 días al año a una pantalla. Tres meses completos. El dato llamó la atención porque es fácil imaginar esos tres meses desapareciendo delante de un teléfono.

Pero, con el tiempo, me di cuenta de que la reflexión se quedaba corta.

Porque el problema no son los meses. Son los años.

Cuando hice el cálculo completo dejé de pensar en horas y empecé a pensar en décadas. Con seis horas diarias, desde los veinte hasta los ochenta, el resultado supera los quince años. No son quince años seguidos, claro. Pero sí el equivalente a quince años completos mirando una pantalla.

Es una cifra difícil de ignorar.

Y aun así, después de darle muchas vueltas, creo que ni siquiera esa cifra es la conversación importante.

Porque esos quince años pueden significar cosas muy distintas.

Pueden estar llenos de aprendizaje, de trabajo, de conversaciones con las personas que queremos, de escribir, investigar, emprender o crear. O pueden consumirse casi sin darnos cuenta, deslizando el dedo hacia abajo mientras otro decide cuál será el siguiente contenido.

Ahí está la diferencia.

El problema nunca fue la pantalla. El problema es quién decide qué hacemos delante de ella.

Vivimos en una economía donde la atención se ha convertido en uno de los recursos más valiosos. Y no es una metáfora. El scroll infinito no termina nunca por casualidad. La reproducción automática enlaza un vídeo con el siguiente antes de que decidas si quieres verlo. La notificación llega justo en el momento en que ibas a soltar el teléfono. Nada de eso es un accidente: es el modelo de negocio funcionando. Cada aplicación, cada plataforma, cada algoritmo compite por unos minutos más de tu tiempo, porque de esos minutos depende su cuenta de resultados.

Por eso creo que la pregunta ha cambiado.

Durante mucho tiempo nos hemos preguntado cuánto usamos el móvil.

Quizá la pregunta correcta sea otra. ¿Cuánto de ese tiempo lo hemos decidido nosotros?

La tecnología no es el enemigo. Sería contradictorio decirlo desde una consultora que trabaja cada día con inteligencia artificial y prospectiva estratégica. Nunca hemos tenido tantas herramientas para aprender, colaborar o crear valor. Precisamente por eso la atención importa todavía más.

La inteligencia artificial promete ahorrarnos tiempo. La automatización elimina tareas repetitivas. La tecnología multiplica nuestras capacidades. Pero todo ese potencial pierde sentido si, al mismo tiempo, dejamos que otros decidan dónde invertimos lo que ganamos.

La calculadora no busca generar culpa. Busca hacer visible algo que casi siempre permanece oculto. Seis horas al día parecen un dato más. Quince o dieciséis años de vida cambian la perspectiva por completo.

Y quizá ese sea el verdadero valor del ejercicio. No medir cuánto usamos una pantalla, sino preguntarnos si estamos usando conscientemente una herramienta extraordinaria o si, poco a poco, hemos dejado que decida por nosotros.

Al final, el recurso más escaso no es el tiempo. Todos tenemos las mismas veinticuatro horas. Lo escaso es la capacidad de elegir en qué ponemos la atención.

Esa decisión, hoy, todavía es nuestra.

La pregunta, y es la que nos ocupa cuando miramos los próximos años, es durante cuánto tiempo lo seguirá siendo.